Siempre en Camino

Me llamo Alba, tengo 20 años y soy esta chica que veis aquí.

 

Ahora vivo en Madrid, pues soy estudiante de Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas pero, como podréis ver a continuación, he crecido en esta comunidad del Cristo de la Misericordia de la que aún formo parte, a pesar de la distancia; en ella he vivido desde la preparación para recibir la Primera Comunión, pasando por todo tipo de experiencias de Fe que ahora veréis, hasta llegar a la Confirmación y a la posterior formación y vivencias que han continuado después.

Durante este largo camino, de pequeña fue esencial el papel de mis padres, que no solo me trajeron a la catequesis como muchos padres hacen, sino que también me enseñaron a rezar y me guiaron hacia Dios en todo momento.

En los años siguientes, en una de las etapas más complejas de la vida, la adolescencia, me ayudó mucho la cercanía con la que los catequistas y otras personas que Dios puso en mi camino me acompañaron. Además de esto, fue fundamental tener al alcance de mi mano, en el día a día, experiencias de Misericordia durante la Vigilia y Adoración de los primeros viernes de mes, así como la posibilidad de confesarme o hablar con el sacerdote cada vez que lo necesitaba y, sobre todo, la Misa donde poco a poco iba profundizando más en la Palabra que oía cada domingo o día entre semana en la Parroquia.

Desde que tuve más autonomía en los últimos años, y hasta la actualidad, una de las cosas que más valoro es que, gracias al proceso vivido y a las personas que formaron parte de él, a las que quiero como si fueran parte de mi familia, la parroquia siempre es uno de los motivos para volver a casa.

Siempre he participado en todos los viajes y experiencias que desde pequeña me han propuesto desde la Parroquia, a lo que quizá haya ayudado que mi madre sea catequista: excursiones, actividades de final de curso, convivencias diocesanas (sobre todo de la Infancia Misionera, Fátima…); pero la experiencia que siempre me ha llenado más ha sido el Camino de Santiago al que fui por primera vez con 11 años. Os he puesto algunas imágenes de algunos de los muchos momentos vividos en el Camino.

Sin duda, esta ha sido una de las experiencias que más me ha ayudado a crecer en todos los aspectos, pero especialmente en la profundización de mi Fe y en el hecho de poder vivirla junto a otros hermanos como Iglesia, es decir, como familia de hijos de Dios. Año tras año, el hecho de vivir en primera persona el mensaje de amor y misericordia que se nos quiso transmitir durante toda la formación de la catequesis me ha hecho reafirmarme en la elección de este camino de vida, no ya por que mis padres me trajeran de niña, sino por mí misma como amante seguidora de Cristo y de su promesa de felicidad eterna.

Me gustaría despedirme como una frase que decimos en el Camino: ¡UTREYA! ¡BUEN CAMINO!…hasta llegar al Cielo.