VI Domingo del tiempo ordinario. Ciclo B

VI Domingo del tiempo ordinario. Ciclo B.

 

04-Febrero-2021

VI Domingo del tiempo ordinario. Ciclo B

Liturgia de las Horas: Tomo III – 2ª semana

SANTOS CIRILO Y METODIO, Patronos de Europa,

Valentín mr, Juan B. de la Concepción pb, Vital mr

 Papa Francisco: En el Evangelio de hoy la lucha de Jesús afronta un caso emblemático, porque el enfermo es un leproso. La lepra es una enfermedad contagiosa que no tiene piedad, que desfigura a la persona, y que era símbolo de impureza: el leproso tenía que estar fuera de los centros habitados e indicar su presencia a los que pasaban. Era marginado por la comunidad civil y religiosa. Era como un muerto ambulante. El episodio de la curación del leproso tiene lugar en tres breves pasos: la invocación del enfermo, la respuesta de Jesús y las consecuencias de la curación prodigiosa. 1. El leproso suplica a Jesús «de rodillas» y le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». 2. Ante esta oración humilde y confiada, Jesús reacciona con una actitud profunda de su espíritu: la compasión. Y «compasión» es una palabra muy profunda: compasión significa «padecer-con-el otro». El corazón de Cristo manifiesta la compasión paterna de Dios por ese hombre, acercándose a él y tocándolo. Y este detalle es muy importante. Jesús «extendió la mano y lo tocó… la lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio». La misericordia de Dios supera toda barrera y la mano de Jesús tocó al leproso. Él no toma distancia de seguridad y no actúa delegando, sino que se expone directamente al contagio de nuestro mal; y precisamente así nuestro mal se convierte en el lugar del contacto: Jesús toma de nosotros nuestra humanidad enferma y nosotros de él su humanidad sana y capaz de sanar. 3. Esto sucede cada vez que recibimos con fe un Sacramento: el Señor Jesús nos «toca» y nos dona su gracia. En este caso pensemos especialmente en el sacramento de la reconciliación, que nos cura de la lepra del pecado. Una vez más el Evangelio nos muestra lo que hace Dios ante nuestro mal: Dios no viene a «dar una lección» sobre el dolor; no elimina del mundo el sufrimiento y la muerte, viene a cargar sobre sí el peso de nuestra condición humana, a conducirla hasta sus últimas consecuencias, para liberarnos de modo radical y definitivo. Así Cristo combate los males y los sufrimientos del mundo: haciéndose cargo de ellos y venciéndolos con la fuerza de la misericordia de Dios. 4. Hoy, el Evangelio de la curación del leproso nos dice que si queremos ser auténticos discípulos de Jesús estamos llamados a llegar a ser, unidos a él, Instrumentos de su amor misericordioso, superando todo tipo de marginación. Para ser «imitadores de Cristo», ante un pobre o un enfermo, no tenemos que tener miedo de mirarlo a los ojos y de acercarnos con ternura y compasión, y de tocarlo y abrazarlo (15-2-2015).

Monición única para todas las lecturas

El texto del Levítico nos acerca a la terrible existencia de los enfermos de lepra en el judaísmo del Antiguo Testamento. Jesús, en el pasaje del evangelio, sana al leproso y lo integra de nuevo en la vida de su pueblo. Pablo, en el texto de la carta a los Corintios, nos invita a actualizar el comportamiento de Jesús, siguiendo su ejemplo, como él sigue el de Cristo 

PRIMERA LECTURA 

 Lectura del libro del Levítico 13, 1-2. 44-46

El Señor dijo a Moisés y a Aarón: —«Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: “¡Impuro, impuro!”. Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 31, 1-2. 5. 11

  1. Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R. 

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R. 

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero. R. 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 31—11, 1

Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: —«Si quieres, puedes limpiarme». Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: —«Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: —«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

  1. Para que la Iglesia siga saliendo al encuentro de los enfermos y dolientes de nuestra sociedad. Oremos.
  1. Para que nuestros gobernantes provean de todo lo necesario en el ramo de la salud de nuestro país, y así calmar el dolor y la enfermedad de sus conciudadanos,. Oremos.
  2. Para que todos los enfermos, especialmente los que no tienen los recursos para obtener su tratamiento médico, para  que encuentren en los cristianos la ayuda necesaria. Oremos.
  3. Para que todos los pobres puedan tener acceso a la atención médica. Oremos.
  4. Para que todos nosotros hoy seamos liberados de nuestras dolencias y enfermedades, sobretodo la lepra del pecado. Oremos.

Oración:

SEÑOR, si quieres, puedes limpiarme. A mi paso por este mundo, se me; van pegando a los pies -y al corazón- el barro del mundo y sus apetencias, que son peor que la lepra. Yo quiero ser limpio de corazón, limpio de vida: no por mis fuerzas sino por tu gracia y para tu gloria. Sobre todo, sano de espíritu. Pero no puedo olvidar que hace un año el coronavirus comenzaba a extenderse por Europa… ¡Dales, Señor, el descanso eterno a quienes murieron en la soledad y la tristeza: ya sufrieron aquí su purgatorio!